viernes, 21 de enero de 2011

PARQUES NACIONALES DE ESPAÑA-2/14 (Caldera de Taburiente)


La abundante vegetación verde y los escarpados montes y sus altas cotas, a menudo cubiertas por la niebla, le dan un tono místico al lugar.

El parque Nacional  de la Caldera de Taburiente, se encuentra en el sector noroccidental de las Islas Canarias, concretamente en la Isla de la Palma con una diversidad de paisajes y una riqueza en especies endémicas, que han hecho posible el que en la actualidad existan numerosos espacios protegidos. La Caldera de Taburiente fue declarado Parque Nacional en 1954 y, La Finca del Canal y los Tilos, reserva de la biosfera del Programa MAB de la UNESCO desde 1983.
La Caldera de Taburiente, representa principalmente al ecosistema del Pino canario, teniendo además una enorme importancia las comunidades de Roquedos por el alto número de especies endémicas que presentan. La abundante vegetación verde y los escarpados montes y sus altas cotas, a menudo cubiertas por la niebla, le dan un tono místico al lugar. Hasta aquí se acercan amantes de la naturaleza y aventureros de todo el mundo.
Fotografía procedente del contenedor de imágenes de Google
Es un enorme cráter que se ha venido formando a lo largo de los siglos por las constantes erupciones volcánicas. Es sin ningún tipo de dudas uno de los más espectaculares y épicos sitios de la Isla, se caracteriza por ser un enorme circo de 8 km de diámetro con aspecto de caldera, donde múltiples erupciones volcánicas, grandes deslizamientos, la fuerza erosiva del agua y el tiempo han ido modelando su geomorfología.
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La zona protegida son unas 6000 hectáreas, de las que 4500 forman el Parque Nacional. El nombre deriva de una formación geológica, cuya depresión esta entre 600 y 900 metros de altura sobre el nivel del mar, alcanza más de 2400 metros en las zonas más elevadas, dando su forma característica.
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En cuanto a la masa forestal, destaca el pino canario, que es resistente al fuego, quemándose la envoltura exterior, pero no la interior, sin duda se adaptó la especie a las continuas erupciones volcánicas. De las 380 especies catalogadas de plantas vasculares. De ellas, Helianthemum cirae y Bencomia exstipulata están incluídas en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, además la Caldera alberga una rica flora rupícola que crece en las escarpadas paredes y roques. Es aquí donde viven los numerosos bejeques. Otras plantas en peligro de extinción son el retamón, la violeta, la Bencomia y el Echium.
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Entre la fauna vertebrada cabe destacar, la paloma rabiche, el canario, el bisbita caminero y el vencejo unicolor. También existen varias especies de murciélagos, como el murciélago de Madeira y el murciélago orejudo, que son endemismos. También hay que destacar dos reptiles el lagarto Tizón y la salamanquesa Tarentola delalandii. La escolopendra y la araña lobo son endémicas de la Isla, así como el escarabajo cavernícola, también endémico, todos en peligro de extinción.
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En una de las páginas web, sobre este tema, nos indica que el punto neurálgico de información sobre el Parque Nacional es su Centro de Visitantes, ubicado en el término municipal de El Paso. Se encuentra situado en el punto kilométrico 23,900 de la comarcal LP-2, carretera que une los dos núcleos urbanos más grandes de la isla: Santa Cruz de La Palma, que es la capital insular, y Los Llanos de Aridane. Y para acceder al Centro se puede utilizar el servicio de autobuses.
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El Centro de Interpretación de El Paso, es un edificio multiuso con áreas dedicadas a la atención al público y oficina administrativa. Con utilidad del visitante hay cuatro salas: recepción, información y librería, a la entrada; sala de exposiciones, con información general de la isla y del Parque Nacional (espacios protegidos, geología e hidrología, vida animal y vegetal, medio humano, y senderos en el Parque).
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Como ya hemos mencionado anteriormente, el agua constituye una de las bellezas naturales de este Parque Nacional y de este paisaje volcánico: numerosas fuentes brotan, formando al unirse sus corrientes, riachuelos y caprichosas cascadas, de aguas limpias y cristalinas, como por ejemplo el Salto de la Desfondada, que tiene una caída de 150 metros.
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Terminamos indicando que los aborígenes de La Caldera, los benahoaríes, dejaron la huella de su paso a través de los grabados en roca o petroglifos, fáciles de observar hoy en día y, cuyos estudios demuestran que existió una sociedad pastoril que desapareció rápidamente tras la colonización que siguió a la conquista.

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