miércoles, 17 de febrero de 2010

6.- Incendios: El quinto jinete



Los incendios que tanto preocupan en las comarcas de toda nuestra Comunidad son,verdaderamente, el quinto jinetede la actualidad y, sin duda, de nuestro futuro.

Un quinto jinete que agrupa a los cuatro tradicionales del apocalipsis: la peste, el hambre, la guerra y la muerte. La peste, representada por la intoxicación del medio con humos y cenizas, ocasionando muerte y destrucción de la vida silvestre, de nuestros bosques, y nuestros animales de compañía, de nuestros hogares arrasados por las llamas del incendio y de los animales de granja y pastoreo, muertos por intoxicación. El hambre, que causa a los damnificados tras la pérdida total o parcial de sus cosechas y que, difícilmente, podrán recuperar, pues en la mayoría de los casos no tienen recursos económicos para su recuperación tras la ridícula ayuda que presta la administración, si es que ésta llega. La guerra, representada por los intereses creados entre los distintos centros mal coordinados y los representantes de las zonas afectadas cuya coordinación generalmente llega tarde y mal. La muerte, no sólo de la vida del bosque, pues lo que es más importante de esta pesadilla es la pérdida de vidas humanas, cuya entrega debe servir como ejemplo y debe repercutir en nuestra vida futura, los que la perdieron, la ofrecieron para conservar nuestro patrimonio natural y nuestra propia seguridad. Por ellos, por los que arriesgan su vida yen muchos casos la pierden, es el mensaje que desde estas líneas mando a la sociedad, para concienciar a todos sus miembros que los pavorosos incendios causan sólo destrucción, muerte y miseria en todas las zonas arrasadas, Faltan unos meses para el verano y los grandes fuegos acecharán toda España, especialmente nuestras comarcas más ricas en fauna y flora. Unos pocos días, seguramente unas pocas horas son suficientes para arrasar miles de hectáreas de bosque, segar la vida y, destruir todo lo que está a su alcance, difícilmente reemplazable. ¿Cuánta destrucción se cuantificará en octubre antes de que empiecen las temidas riadas?.


Para evitar la erosión y desertización de lo poco que nos queda, la única protección eficaz es una cubierta vegetal adecuada y que además esté adaptada a nuestras duras exigencias climáticas del este de la península. Los incendios en gran escala son producidos por causas naturales como son las tormentas secas o la combustión espontánea por elevada temperatura o sequedad, si a esto le añadimos el uso irracional del fuego en esta época del año, el resultado es una catástrofe provocada por una progresiva deforestación y degradación de nuestro entorno y ecosistema. Miles de hectáreas de bosque y matorral mediterráneo es destruido anualmente, lo que conduce a una progresiva desertización y empobrecimiento de nuestro medio ambiente. Nuestro clima ayuda, además, a que se produzcan los incendios por causas naturales, perdiendo millares de pinos favorecidos por una estación de verano larga y seca, con altas temperaturas y escasa humedad atmosférica.
Por otra parte, las personas que intentan apagar un incendio forestal, sin contar con el estrés que supone el riesgo de su vida (quizás por la estupidez de un campista ó el descuido de una mal apagada hoguera para asar unas chuletas de un inconsciente excursionista), los bomberos y voluntarios están sometidos a una temperatura infernal. Durante un gran fuego, la "masa forestal puede alcanzar, sin problemas, una temperatura cercana a los 1500 grados centígrados, siendo la temperatura del aire a escasos metros de la masa en combustión (que es donde se suele trabajar para intentar dominar el fuego) cercana a 140 grados centígrados, absolutamente insoportable si añadimos además, las cenizas y los humos ardientes irrespirables. Por otro lado, el suelo que soporta un fuego puede registrar 1000 grados centígrados en la superficie y más de 300 grados centígrados a algunos centímetros de profundidad, lo que hace del mismo una superficie estéril y destruida para un futuro. Además, los fuegos en el suelo pasan rápidamente a las copas de los árboles, produciendo corrientes de aire que junto a los fuertes vientos propagan de una forma ultrarrápida el incendio, llegando a atrapar en su centro a aquellos que intentan controlarlo o escapar de él.
Por lo dicho anteriormente, evitemos a toda costa las consecuencias funestas de este quinto jinete, con lo que la destrucción de la fauna y flora, la desaparición de la cubierta vegetal, la acumulación de cenizas, la pérdida de vidas humanas y la destrucción del patrimonio natural y económico no se perderán, impidiendo cabalgar a este quinto jinete por nuestros campos y bosques produciendo desolación y muerte. Faltan unos meses, después será demasiado tarde para lamentarse.

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